Piedra de los Moros

Localización:

  • Comarca: Hoya de Huesca / Plana de Uesca
  • Municipio: Loporzano
  • Localidad: Ayera
  • Topónimo: Piedra de los Moros

Lat.: 42.188916667
Long.: -0.29425

UTM X: 723428.03485
UMT Y: 4674296.12607
Zona UTM: 30

Tipo morfológico:
Conjunto pétreo

Tipo funcional:
Espacios Sacralizados, Fecundantes, Rituales, Pareidolias

Descripción

En la llanura oscense, entre los términos de Castilsabás y Ayera, en medio de un bosque de encinas que se extiende al pie de la ladera de Santa Eulalia la Mayor, emerge un conjunto rocoso que recibe el nombre de la Piedra de los Moros. Se trata de un gran complejo fecundante dado a conocer por Manuel Benito y que, hasta el momento, sigue sin ser estudiado en profundidad.
Este conjunto pétreo es de los más interesantes que podemos encontrar en la Hoya de Huesca. Manuel Benito la describió como la catedral de la fertilidad. El elemento más importante de todo el conjunto es una piedra sola que reproduce un gran falo. Y cuando la miramos por su lado oeste podemos ver que la piedra está atravesada de arriba abajo por una grieta que simula ser una vulva. Esto tiene coherencia puesto que la fertilidad surge cuando se une lo masculino y lo femenino.
Detrás de un roquedo situado a la izquierda de la piedra fálica podemos observar unos mechinales, que posiblemente hayan sido picados con la finalidad de apoyar troncos y así adaptar un refugio para personas o para caballerías.
Junto a la piedra fálica tenemos otra mole pétrea en la que hay una pequeña cavidad excavada en la piedra, en la que según la leyenda se situaban las mujeres que querían quedarse embarazadas o que querían contagiarse del poder fertilizador de la tierra. La posición en la que las mujeres debían colocarse es en cuclillas. Además, el espacio de la cavidad es justo para mantener esa posición, sobre todo porque es así cómo la vulva queda enfocada hacia la tierra, contagiándonos del poder fertilizador tanto de la roca como del interior de la tierra. A los lados del hueco donde se incovaba, hay dos salientes que según Manuel Benito nos sugiere la posibilidad de que esta pequeñita cámara o hueco estuviera cubierto por algún tipo de estructura.
En el mismo conjunto de la cavidad donde se incovaba tenemos una estructura que nos sugiere que había aquí bastante actividad humana. Se aprecia la forma de pozo aljibe de forma cilíndrica, que se puede identificar fácilmente porque está en buen estado de conservación. Evidentemente habría alguna estructura para contener el agua y poder disponer de ella de una manera fácil. Junto al muro también podemos ver una cía en el suelo y restos de otra más en la pared, una especie de almacenes en los que se conservaban las semillas destinadas a ser sembradas en el siguiente ciclo agrícola. Al pie de la pared norte de este espacio encontramos dos pequeñas hornacinas justo a ras de suelo.
Este conjunto pétreo está rodeado por un bosque de carrascas. Además de ser un bosque típico de esta zona, la bellota nos alude también a la fertilidad.
En una gran mole de piedra más occidental se puede acceder a través de unos escalones a un conjunto de cías o cillas que se utilizaban para almacenar el grano. Como afirma Manuel Benito, este cillero no formó parte de ningún castro ni hábitat, pues estarían documentados. Todo ello hace suponer que hasta allí se llevaran anualmente las semillas destinadas para la sembradura con el fin de que tomaran de la piedra el poder fecundante.
Esta mole rocosa está plagada de cías. Podemos ver las aberturas a las que se accede desde arriba, pero también lo curioso y lo fantástico es que están intercomunicadas entre sí. Hay pequeños túneles excavados que unen unas cías con otras. Era un lugar de almacenamiento de semillas pero también tendría su función ritual. Al final del roquedo están las cías de mayor tamaño y abajo del roquedo podemos contemplar los restos desprendidos de la cara exterior de estas cías.
El conjunto de la Piedra de los Moros de Ayera, es un prodigio etnográfico, no solo por su gran tamaño, sino también por la amplia gama de símbolos fertilizadores que presenta: Un gran falo descomunal, un posible útero monumental en otra roca y las únicas huellas de la leyenda de la reina mora, como bien nos manifiesta Antonino González Blanco: «Eso no hay duda ninguna, eso es un santuario. Ahora, es un santuario, como siempre suele ocurrir que se remonta probablemente al Paleolítico, probablemente, porque es tan gordo y se veía. Y ha sido santuario siempre. Hombre, cuando llega la cristianización, como aparte de otros fenómenos es fenómeno urbano y el campo siempre se cristianiza a posteriori, después, pues digamos eso no se niega, pero queda. Lo de Ayera nadie lo ha tocado arqueológicamente hablando para estudiarlo a fondo, y aquello sí que tiene restos visibles, pero es un santuario indiscutiblemente hasta el día de hoy. O sea, eso ha estado empleado como lugar de visita, podemos llamar romería, peregrinación, durante mucho tiempo, pública y privada, o se que eso no tiene vuelta de hoja. La tristeza es que en un momento como hemos tenido en Aragón de plenitud arqueológica, eso nadie se haya atrevido a tocarlo. ¿Y por qué?. Porque no estaba canonizado en ninguna parte.»

Cerca de este conjunto pétreo, sobre un cerro de arenisca, se levantó la ermita de San Esteban, hoy destejada y en la que apenas resisten los arcos que arrancan desde el suelo. El entorno de la edificación está formado por una interesante necrópolis de sepulturas antropomorfas excavadas en la roca, y orientadas en dirección este-oeste, con la cabeza a poniente. Antonio González Blanco visitó este entorno y nos afirma: «Y en Ayera además, las tumbas que hay, que la gente se ha enterrado allá y en época cristiana, eso no es de época antigua, las tumbas son de época clásica por lo menos, están datadas oficialmente en época visigoda, dejémoslo cuando sea porque me da igual, en época cristiana seguro que duran. Y todos los alrededores, la gente que iba a enterrarse allá ¿eran paganos?. Pues no necesariamente, porque al muerto lo entierran sus familiares. Y entonces ¿por qué allá?. Pues porque habían dicho él que le enterrasen allá, o porque allá fue enterrado su padre.»

Los tres grandes cuerpos de este conjunto pétreo (la piedra fálica, el gran bloque con la cavidad de incovar y el conjunto de las cías o silos para grano) están alimeados de tal forma que su orientación hacia el este permite observar un interesante fenómeno solar en los equinoccios de primavera y de otoño. Al amanecer de esos dos días del año los rayos de sol inciden sobre la piedra fálica proyectándose su sombra sobre los otros dos conjuntos líticos. La cavidad de incovar está orientada al noreste de modo que los primeros rayos de sol pasan rozando la piedra fálica y se proyectan en su interior. A pesar de que el ramaje de las carrascas nos impide apreciar el efecto con claridad, podemos imaginarnos cómo debía ser aquel ritual por el que las mujeres iban en busca de esa fecundidad, tan importante en los grupos sociales de la prehistoria. Y ese mismo potencial fecundante se debía transmitir a las cías o silos donde se guardaba el grano que iba a destinarse a la próxima siembra.

Leyenda y tradición oral

José María Periga, de Santa Eulalia la Mayor, nos cuenta: «Pero yo siempre sentí eso, que cuando estuvieron los moros por aquí, los que fuera, que de allá del castillo brincaban para aquí, que es esa huella que hay allí. Que decían que había bajado desde el castillo de Santa Eulalia a parar para aquí. Pero esa es del pie derecho esa huella. Y éste ya cuadradillo pues ya no lo sé.»
Existe una leyenda que explica el origen de la palabra moros y moras para designar a todo aquello que existía antes de la llegada del cristianismo. Esta palabra, moros y moras, se empezó a utilizar en la Edad Media, pero en realidad ser refiere a leyendas que son muy anteriores tanto a la llegada del cristianismo como de otras religiones. Dice la leyenda que hace muchos, muchos, muchos años, en el cielo vivían los ángeles, vivían otros seres celestiales y Dios. El caso es que un día, se rebelaron contra la autoridad divina un grupo de ángeles liderados por Lucifer, el portador de la luz. Estos ángeles rebeldes perdieron la batalla y fueron expulsados del cielo y lanzados sobre la tierra. De esta caída, todos estos ángeles rebeldes quedaron cojos de un pie y también por eso se les podía reconocer. Al caer a la tierra se quedaron a vivir en las partes más altas del planeta, es decir, en las montañas. Estos ángeles caídos fueron conocidos sucesivamente como diablos, como gigantes y finalmente como moros. Su aspecto físico era de gigantes, también lucían una cabellera que les llegaba hasta la cintura, eran cojos del pie derecho y entre sus poderes estaba el de dar grandes saltos. Ejemplo de todo esto es la leyenda de la Mora de Santa Eulalia.
Dice la leyenda que un rey moro vivía en Santa Eulalia y que tenía a su hija encerrada en la torre. El padre quería que la hija se casara con un hombre que él había elegido, y la hija no quería. El caso es que el padre para presionarla la encerró en la torre. La hija del rey moro, harta de padecer tanto encierro, y decidida a no aceptar la decisión de su padre escapó de aquella torre que está junto a Santa Eulalia, escapó dando un gran salto, viniendo a caer aquí, a la piedra Mora. Su salto quedó grabado en las rocas dejando estas huellas. Y además dejó su poder fecundante impregnado en estas rocas. Lo que pasa es que la persona que grabó estas huellas en esta roca, dejando grabada, esculpida, la huella del pie derecho, en vez de la huella del pie izquierdo, éste se ve perfectamente que no encaja. Y que el que encaja es el derecho.

Jesús Consejo, vecino de Ayera de 84 años, nos confirma que la Peña o Piedra de los Moros pertenece al término de Santa Eulalia la Mayor.

Jesús Consejo también me contó que hace unos 70 años estaban las caballerías debajo de la roca en la que están las cías y se desprendió una gran piedra que cayó encima de ellas y las mató.

Acceso

Llegando a la localidad de Ayera se coge el camino que va hacia la ermita de San Esteban. Al llegar a ella, éste se bifurca en dos y hay que tomar el de la izquierda y continuar por él hasta que llegamos a un punto en el que la escorrentía ha hecho un gran bache. A pocos metros encontramos un indicador del comienzo del sendero. Éste pasa primero por un carrascal y luego atraviesa un campo de cultivo hasta entrar en el carrascal donde se encuentra el conjunto pétreo.

Entorno

Ermita de San Esteban de Ayera con cías y tumbas antropomorfas; frente a ella el Tozal de las Forcas con más tumbas antropomorfas. Ermita de El Viñedo. Ermita de san Fertús. Torreón de Santa Eulalia la Mayor. Magdalena Barril Vicente, en su artículo publicado en la revista Bolskan nº 17, año 2000, titulado «Utiles agroforestales ibéricos de Castilsabás, Huesca», nos habla de un yacimiento prerromano en Castilsabás en el que un vecino halló casualmente junto al cementerio varios útiles de hierro para trabajos del campo. Estos elementos se encuentran expuestos en el museo de Huesca y parece ser que ofrecen un contexto relacionado con los pueblos ibéricos y celtibéricos y una cronología media del siglo III a.C. Plantea la hipótesis de que en Castilsabás existiría una necrópolis ibérica (ya que estamos en territorio ilergete) con claros contactos con el mundo celtibérico antiguo, y un lugar de habitación más moderno que habría arrasado el anterior como ocurre con otros yacimientos

Información adicional

Datos de la ficha: Eugenio Monesma

Informantes: José María Periga

Ficha José Miguel Navarro

 

 

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