Peña de los Moros (Santa Eulalia La Mayor)

Localización:

  • Comarca: Hoya de Huesca / Plana de Uesca
  • Municipio: Loporzano
  • Localidad: Ayera
  • Topónimo:

Lat.: 42.1889
Long.: -0.2943

UTM X: 723423.54490
UMT Y: 4674292.89588
Zona UTM: 30

Tipo morfológico:
Conjunto pétreo

Tipo funcional:
Espacios Sacralizados, Fecundantes, Rituales, Pareidolias

Descripción

Conjunto rocoso formado por un bloque monolítico de arenisca trabajado prácticamente por todas sus caras, una roca aislada, retocada por la mano del hombre y que se asimila a un gran falo y otro bloque pétreo que compone lo que parece un espacio ritual donde destacan una cavidad a ras de suelo, un pequeño altar con una hornacina bajo la que se abre lo que parece ser un aljibe.
En el bloque de arenisca se tallaron multitud de cías, muchas de ellas unidas entre sí.
También encontramos lo que parecen ser aljibes y algunas tallas que la única misión, parece ser sustentar las leyendas que orbitan en torno a la roca.
El acceso a la parte superior se hace mediante escaleras talladas.
Conjunto estudiado en profundidad por Manuel Benito1 y, posteriormente, por Eugenio Monesma.
Descripción del conjunto de Manuel Benito:
Como ejemplo de cuanto venimos diciendo tenemos esta Piedra de los Moros de Ayera, verdadera catedral de esta ruta fertilizadora. Se trata de un complejo fecundante todavía sin estudiar.
Morfológicamente es una mole pétrea que surge en la llanura oscense, entre los antiguos
términos de Castilsabás y Ayera (GPS 42 11 332 / 0 17 646). Está rodeada de un encinar cada
día más mermado, emergiendo en medio del bosque. Se accede a ella por un mal camino rural
que une la carretera de Vadiello con el antiguo castillo de Ayera y esta población.
La roca, como todas las demás, está manipulada de una forma inusual. Comenzando por el
lado de levante, encontramos un gran falo perfectamente esculpido (9) de unos cuatro metros
de altura (GPS 42 11 328 / 0 17 622). En la actualidad presenta en la base una fuerte erosión
que difi culta su verticalidad. Sigue a poniente un espolón pétreo vaciado a pico en su interior,
con una gran cavidad rematada en la cabecera por otra más pequeña. En su cara norte, cerca del falo, hay una pequeña oquedad que permite la estancia de una persona en cuclillas. Restan
a los lados dos salientes que quizá sirvieron para cubrir el hueco.
La Piedra de los Moros, en esta parte, forma en su vaciado interior un par de paredes al
exterior, que se interrumpen con el acceso que lleva a la última prolongación. Esta mole occidental muestra en su ingreso una serie de escalones, cilleros a los lados, arriba la superficie exterioriza varias bocas de silo que por dentro se comunican mediante agujeros practicados en las finas paredes, rebajadas a pico. En la zona de levante, junto a una especie de fosa, están las huellas que dejara la reina mora en su salto: un pie normal de mujer y otra huella informe al lado. Los pies están cambiados. Al parecer la persona que manipuló la roca utilizó su propio pie para plantilla una vez hecha la informe extremidad derecha, sin darse cuenta de que volvía a poner otro pie derecho. Al lado hay un gran podomorfo de más de metro y medio de longitud, hecho a pico sobre la roca. Vestigio de aquéllos gigantes que según la Biblia poblaron la Tierra coetáneamente a los hombres. (…)
El abandono y la erosión en la cara sur ha provocado la fractura del cantil con la pérdida de
bastante superfi cie horadada para cías.
La Piedra de Los Moros es un prodigio etnográfico, no sólo por lo gigantesca, también por
la amplia gama de símbolos fertilizadores que presenta: falo descomunal, posible útero monumental en la segunda roca y las únicas huellas que encontramos de reina mora. Su uso la hace singular, sirvió como las demás para fertilizar mujeres y el grano. El cillero no formó parte de ningún castro ni hábitat que estarían documentados. La prospección del terreno no da más que fragmentos de cerámica. Todo eso nos hace suponer que hasta allí se llevaban anualmente las semillas, destinadas para la sembradura con el fin de que tomaran de la piedra el poder fecundante,así el cereal sería más prolífico.

Descripción del conjunto de Eugenio Monesma:

El elemento más llamativo de todo el conjunto es una piedra sola y
enhiesta que reproduce un gran falo de casi cuatro metros de altura y dos de
diámetro, que remarca en su extremo superior la forma de glande.
A unos tres metros de la piedra fálica, hacia el oeste, encontramos otra
mole pétrea en la que a ras de suelo destaca una pequeña cavidad excavada,
en la que según la tradición se colocaban en cuclillas las mujeres que querían
contagiarse del poder fecundante de la tierra y alejar de sí la infertilidad, tan
mal vista socialmente. Sólo he podido conseguir un testimonio (cuyo informante
quiere mantenerse en el anonimato) por el que me informa que, allá a finales
de los años cuarenta, un matrimonio de Sasa del Abadiado acudió a la Piedra
de los Moros en busca de la fertilidad. Imaginando un posible ritual, pues no
hay testimonio oral de cómo se celebraba, podemos suponer que en este
espacio, que podríamos llamar de incubación o de fecundidad, la vulva queda
enfocada hacia la tierra, recibiendo directamente el poder fertilizador tanto de la
roca como del interior de la tierra. A los lados de este hueco hay dos salientes
que según Manuel Benito nos sugieren la posibilidad de que esta pequeña
cámara o hueco estuviera cubierto por algún tipo de estructura que garantizara
la intimidad del rito. La gran roca que alberga esta cavidad forma parte de una
estructura pétrea que nos sugiere que había aquí bastante actividad humana.
Se aprecia una gran pila tallada de forma cilíndrica, en buen estado de
conservación, que podría ser un pozo aljibe (aunque en ninguna de las muchas
visitas realizadas he observado que se almacenara agua). Llama la atención
una entalladura a modo de altarcillo con una hornacina, que preside la parte
superior de la boca de esta pila. Dos grandes muros de bastante altura,
tallados en la misma roca se prolongan hacia el oeste dejando un amplio
espacio entre ellos dedicado posiblemente a usos rituales y lugar de reunión y
culto. Junto al muro norte, en la parte interior, podemos ver una cía excavada
en el suelo. Al pie de la pared norte de este espacio, pero al exterior, se
aprecian dos pequeñas hornacinas justo a ras de suelo.
Y el tercer bloque pétreo, que podríamos llamar el de las cías o silos de
grano, está separado a unos metros hacia el oeste. A nuestra altura, de frente y
rodeando la mole por el lado sur, llaman la atención algunas cías talladas en la
roca. A través de unos escalones se puede acceder hasta la parte superior de
la roca, que nos recibe mostrándonos un conjunto de agujeros de gran tamaño,
a modo de queso de gruyere, que son cías o cillas que se debieron utilizar
como un posible almacén en el que se conservaran las semillas destinadas a
ser sembradas en el siguiente ciclo agrícola. Como afirma Manuel Benito, este
cillero no formó parte de ningún castro ni hábitat, pues estarían documentados.
Todo ello hace suponer que hasta allí se llevaran anualmente las semillas
destinadas para la sembradura con el fin de que tomaran de la piedra el poder
fecundante. Para caminar por la superficie rocosa debemos esquivar las
aberturas de las cías en las que ajustaría una tapa de piedra; e incluso
podemos entrar en algunas, pues sorprende que muchas de ellas están
comunicadas entre sí, lo que no sería normal en origen ya que el grano
almacenado debía estar herméticamente cerrado y aislado de cualquier posible
agente nocivo. Aunque se trababa de un lugar de almacenamiento de semillas,
podemos pensar que también tendría su función ritual. En la zona más
occidental del roquedo, que alcanza una altura sobre el suelo de más de 14
metros, destacan las cías de mayor tamaño, fracturadas por la erosión en su
cara exterior, y cuyos restos podemos contemplar al pie de la gran mole pétrea.

Historia

Desconocida. Los investigadores arriba mencionados fechan, al menos las cías, en época musulmana aunque en el entorno inmediato han aparecido elementos que retrotraen la ocupación del territorio, al menos al siglo III. A.C

Leyenda y tradición oral

Toda la información referente a ésta pieza de extraordinario valor antropológico, arqueológico e histórico fue recogida y publicada por Eugenio Monesma y publicada en la revista Alacay de la agrupación Folklórica Santa Cecilia en 2013 y ha sido gentilmente cedida para este trabajo.:
José María Periga, de Santa Eulalia la Mayor, nos cuenta: «Pero yo siempre
sentí eso, que cuando estuvieron los moros por aquí, los que fuera, que de allá
del castillo brincaban para aquí, que es esa huella que hay allí. Que decían que
había bajado desde el castillo de Santa Eulalia a parar para aquí. Pero esa es
del pie derecho esa huella. Y éste ya cuadradillo pues ya no lo sé.»
Existe una leyenda que explica el origen de la palabra moros y moras para
designar a todo aquello que existía antes de la llegada del cristianismo. Esta
palabra, moros y moras, se empezó a utilizar en la Edad Media, pero en
realidad ser refiere a leyendas que son muy anteriores tanto a la llegada del
cristianismo como de otras religiones. Dice la leyenda que hace muchos,
muchos, muchos años, en el cielo vivían los ángeles, vivían otros seres
celestiales y Dios. El caso es que un día, se revelaron contra la autoridad
divina un grupo de ángeles liderados por Lucifer, el portador de la luz. Estos
ángeles rebeldes perdieron la batalla y fueron expulsados del cielo y lanzados
sobre la tierra. De esta caída, todos estos ángeles rebeldes quedaron cojos de
un pie y también por eso se les podía reconocer. Al caer a la tierra se quedaron
a vivir en las partes más altas del planeta, es decir, en las montañas. Estos
ángeles caídos fueron conocidos sucesivamente como diablos, como gigantes
y finalmente como moros. Su aspecto físico era de gigantes, también lucían
una cabellera que les llegaba hasta la cintura, eran cojos del pie derecho y
entre sus poderes estaba el de dar grandes saltos. Ejemplo de todo esto es la
leyenda de la Mora de Santa Eulalia.

Dice la leyenda que un rey moro vivía en Santa Eulalia y que tenía a su hija
encerrada en la torre. El padre quería que la hija se casara con un hombre que
él había elegido, y la hija no quería. El caso es que el padre para presionarla la
encerró en la torre. La hija del rey moro, harta de padecer tanto encierro, y
decidida a no aceptar la decisión de su padre escapó de aquella torre que está
junto a Santa Eulalia, escapó dando un gran salto, viniendo a caer aquí, a la
piedra Mora. Su salto quedó grabado en las rocas dejando estas huellas. Y
además dejó su poder fecundante impregnado en estas rocas. Lo que pasa es
que la persona que grabó estas huellas en esta roca, dejando grabada,
esculpida, la huella del pie derecho, en vez de la huella del pie izquierdo, éste
se ve perfectamente que no encaja. Y que el que encaja es el derecho.

Acceso

Carretera N-240, Huesca Lérida. 5 km desde Huesca, pasado Estrecho Quinto, desvío señalizado a la izquierda (raqueta a la derecha) que nos llevaría a Loporzano. Un kilómetro desde el cruce, sale desvío a la derecha señalizado a Bandaliés. Lo cogemos, dejamos el pueblo a la izquierda y enseguida veremos un desvío a la izquierda que nos llevará a la minúscula población de Ayera. Justo antes de llegar al pueblo, sale pista a nuestra derecha. Unos metros por ella nos dejarán en una gran explanada donde se puede aparcar y donde veremos, en un cerro al este, la arruinada ermita de San Esteban.
Siguiendo la pista en dirección norte, entre campos de cultivo, estaremos atentos a un senderillo que se introduce en un mínimo bosquete de encinas. En medio de la espesura, encontraremos la piedra.

Entorno

Entorno intensamente antropizado, con campos de cultivo y diminutos bosquetes residuales de encina (Quercus ilex) que ocupan superficies más agrestes donde no es posible el cultivo. El conjunto de la roca y el bosque de encinas residual donde se asienta constituyen un lugar de extraordinario interés.

Estado de conservación

Regular. Importante meteorización mecánica. Presencia de vegetales (incluso árboles) y líquenes en el conjunto rocoso.
Sería imprescindible un desbroce de las cías y otros huecos del conjunto rocoso donde se asienta vegetación que a corto o medio plazo ocasionará la ruptura de la roca.
Por otra parte, se debería valorar la posibilidad de consolidar algunos lugares para evitar una erosión que ya a ocasionado la ruptura de la roca en varios puntos de la cara sur.

Información adicional

Datos de la ficha: José Miguel Navarro

Track de acceso

Ficha Eugenio Monesma

 

 

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