Dólmenes A Liana y Peñafita

Localización:

  • Comarca: Hoya de Huesca / Plana de Uesca
  • Municipio: Casbas de Huesca
  • Localidad: Panzano
  • Topónimo: Artica Sala y Peñafita

Lat.: 42.2350555
Long.: -0.18097222

UTM X: 729977
UMT Y: 4679290
Zona UTM: 30

Tipo morfológico:
Megalito

Tipo funcional:

Descripción

Los restos de dos dólmenes se pueden contemplar todavía en la localidad de Panzano, a pesar de haber sido destruidos por la acción humana.

Leyenda y tradición oral

Paco Bescós, que me acompañó a estos dólmenes, nos cuenta cómo fueron destruidos por la acción humana ante el temor a las brujas.

“De los que se han encontrado más al sur. Éste lo tenemos situado, el nombre genérico del monte es La Liana, la zona donde está situado es Artica Sala, la loma de Artica Sala, y el otro que tenemos aquí al sur lo tenemos situado encima de Peñafita, la zona donde está. Entonces, se cree que son muy antiguos porque la población más cercana que había en esta zona era la población de Chaves. Que está allá. La tenemos hacia el este.”
“Y los dólmenes se cree que son de aquella época. Porque entre esto y Chaves se ha estado mirando bien concienzudamente el terreno y no se ha sabido hallar otros dólmenes intermedios. Y hay una leyenda de los pastores, porque los pastores no le tenían mucha simpatía a estos lugares. Sí, los pastores más bien les tenían temor, temor porque entonces, la creencia es que había brujas y que las brujas los utilizaban para refugiarse. Pues la leyenda de las brujas es que en las tormentas aprovechaban para dar mal en cosechas, en ganado, en poblaciones, y utilizaban los vientos de las tormentas para trasladarse volando de unas zonas a otras. Y luego contaban los pastores que, cuando bajaban en días que no había tormentas, por la zona donde estaban los dólmenes, que mientras pastaba el ganado se dedicaban a tirar, a estozar, a destruirlos, para que las brujas no se pudieran refugiar. Y luego cuentan también que en las tormentas, en algunos granos de granizo, que había pelos de bruja, y el pelo de bruja es que entonces había muchísimo ganado por los montes, los cadáveres no se recogían como se hace ahora… donde morían quedaban abandonados, excepto vacuno y mular, que había lo que se llamaban muladares y los arrastraban a esa zona. Pero las tormentas, pues todos sabemos que delante de la tormenta van vientos fuertes, lo que en los pueblos se dice, venga, cerrar ventanas y balcones que ya llega el aire de la tormenta. Bueno, pues estos vientos hacen pequeños tornados, que se llaman brujas, que levantan todo lo que hay por el suelo, levantan rastrojos, levantan restos sueltos si son de poca entidad y los elevan hacia la atmósfera. Entonces, cuando empieza a llover, el agua que cae lo vuelve a arrastrar aquí al suelo y podía darse la circunstancia de que algún pelo, alguna fibra de lana quedara atrapada en algún grano de granizo y la viera el pastor. Entonces, esto hacía que tuvieran todavía más temor a lo que eran brujerías, y lo que eran casetas de brujas, y lo que digo, los pequeños tornados que ya en los pueblos se llaman brujas. Y decían que las tempestades, que la bruja se subía a la tempestad y la dirigía a donde a ella le convenía para hacer mal. Por eso, en muchos pueblos hay exconjuraderos de época muy antigua y los curas con vecinos del pueblo, cuando había tormentas, iban a los exconjuraderos, encendían velas, hacían ritos, para que la tormenta no tirara granizo y no arruinara las cosechas.”

Este dolmen es el de Peñafita. Está más deteriorado que el otro, porque han estozado o estozaron en su día mucho más, ya se ve todo el entorno que está todo sembrado de piedras, de lo que era el túmulo y como que la zona es todo caliza, pues se conservan mejor y se aprecia mejor todo lo que se ha ido desprendiendo. Incluso me contaban los pastores antiguos que había que cuando había tormentas, nunca bajaban con el ganado por esta zona de los dólmenes, se iban a dar la vuelta por la otra zona de La Liana, por no pasar por aquí, por el temor que tenían, de que estuviera escondida la bruja en el dolmen y diera mal sobre el rebaño.”

“Éste es el corral d’O lugar donde se encerraba el ganado que se llamaba bacibo, que no criaban, y las que criaban tenían que ir al corral para que el cordero pudiera tetar y las bacibas, para evitar la cabañera larguísima, que de aquí al pueblo hay una hora de cabañera, las encerraban los pastores aquí y así les evitaban la cabañera de bajar y subir. Y cuando estaban por el monte alto, en esa zona que tenemos a nuestra espalda, que es la Loma de Peñafita, era donde procuraban evitar si había tormentas el bajar por allí. Hacían el rodeo por la zona de Barranco Sarto, por no bajar por aquí por la loma. Luego, una vez llegadas aquí, las encerraban y el pastor se bajaba al pueblo, porque aquí no se sabe de que hubiera habido caseta de quedarse ellos por la noche, por más que el pastor era el máximo responsable, pues ya, una vez encerradas, él creía que las tenía bien, que nadie iba a atentar contra el rebaño, ni lobos ni personas y se bajaba al pueblo. Cuando se bajaban a dormir a los pueblos acostumbraban a dejar a los perros en el rebaño, en tiempos más antiguos todavía, por miedo a los lobos, porque así el perro los ahuyentaba. Y además de eso, los pastores eran responsables de las ovejas que se hubieran perdido. Siempre, el pastor era responsable siempre del rebaño desde que soltaba hasta que encerraba. Y si se le perdían ovejas, pues era él y no el propietario, el que las iba a mirar, bien fuera ex profeso, si la oveja criaba, se cogía el paraguas y el palo y marchaba, o si la oveja no criaba, al día siguiente volvía por la misma vuelta que había estado el día anterior hasta que aparecía el animal, pero vivo o muerto tenía que aparecer.”

Juan José Santolaria, natural de Otín, y Carmen Cebollero, de Rodellar, recuerdan algunas leyendas de brujas y cómo se esconjuraban las tormentas.

“Aquí no hay esconjuradero, aquí no. Cuando venía una tormenta ponían un cuchillo de canto en la ventana. No sé aquello qué querría decir. Y velas, velas sobre todo, encender velas.
¿No hacían una cruz con un cuchillo y no sé qué? ¿O con dos cuchillos? En la ventana, pero siempre de canto para arriba. El filo para arriba. Para cortar la tormenta. Para que no cayera rayos. Pedregadas, más que nada, pedregadas. Esconjurar. El poner velas enseguida que tronaba y los cuchillos en la ventana siempre. Eso también, porque mi madre lo hacía enseguida, nada más cuando veía… oh, esa tronada qué mala pinta tiene, ya las veías que iban con el cuchillo allí en la ventana. Y las velas, si podía ser, que fueran las velas de Jueves Santo. Las guardaban para cuando había tormentas, las encendían. Además, las velas las hacían con cera de casa. Aún me acuerdo yo, en casa Purnas, en mi casa no, con la abuela de Purnas, con la madre de mi tío Lorenzo, bueno zagal, tenme… aquí porque había arnales y había miel. El hilo de algodón y hacían como ahora para hacer una pizza y ponían y a rollar y así con las manos, o ponían una tira, la ataban en la pata de la mesa y a hacer las velas así, así las hacían, con la mano.
Leyendas de moras, de brujas y de seres fantásticos impregnan muchos de los rincones de la Sierra de Guara, conservadas en la memoria de aquellos vecinos que habitaron y siguen viviendo en las laderas de esta imponente montaña.

Acceso

Antes de llegar a Panzano desde Huesca, al llegar a la recta final de la carretera, desde la que se ve el camping, hay que tomar una pista a la izquierda y remontarla durante tres o cuatro kilómetros. Están uno en cada una de las crestas rocosas.

Entorno

Cercano yacimiento arqueológico de la Cueva de Chaves

Información adicional

Datos de la ficha: Eugenio Monesma

Informantes: Francisco Bescós Bescós

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